lunes, 13 de febrero de 2012

Período rojo

Potencia creadora (y salvadora en algunos casos), la sangre que fluye una vez al mes del cuerpo de las mujeres, desde la adolescencia a la menopausia, sirvi? como material para un trabajo que la utiliza como materia para pintar. Una iniciativa de D?bora Tenenbaum que incluye 28 autorretratos hechos de sangre menstrual.

D?bora Tenenbaum us? tampones desde que menstru? por primera vez. Hasta sus 35 a?os no sab?a lo que era que le bajara la sangre entre las piernas. ?Sacaba un algod?n rojo y me met?a un algod?n blanco?, resume la creadora del proyecto Sin nombre, autorretratos menstruales que re?ne a un colectivo de mujeres que decidi? pintar con sangre menstrual. La idea surgi? en diciembre de 2008 en Barcelona y se difundi? a trav?s del blog que Tenenbaum tiene en Internet (deboratenenbaum.wordpress.com). ?Invit? abiertamente y sin mucha explicaci?n a mandar dibujos acompa?ados por un texto. S?lo plante? un plazo m?ximo de tres meses para la entrega?, cuenta. Los trabajos llegaron de a uno hasta sumar 28, como los d?as del ciclo menstrual. Para algunos se trata de una gran obra de arte, para otros de un trabajo terap?utico. Est?n quienes sugieren que el material encaja en teor?as de g?nero. Todas tan v?lidas como insuficientes a la vez. Para Tenenbaum, el trabajo ante todo se basa en la experiencia. Esperar que fluya esa sangre que el cuerpo femenino expulsa, sin ning?n acto de violencia anterior. Untar un dedo, un pincel o simplemente dejarla caer sobre el papel. ?Lo importante es qu? le pasa a una mujer cuando hace esto. Las posibilidades que se abren sobre todo en lo vivencial?, dice. En una semana el libro con dibujos y textos recibi? unas 15 mil visitas en la web y aunque la mayor?a son adhesiones, hay algunos foros donde ya se habla del asco que provoca la propuesta.

A esta comunicadora social rosarina ?que se dedicaba a la fotograf?a y al dise?o gr?fico pero ahora es maestra de Reiki, lee el Tarot y fue disc?pula de Alejandro Jodorowsky? se le ocurri? la idea cuando a?n viv?a en Barcelona. ?Tuvo que ver con un largo camino de b?squeda vinculado con lo que defino como un trabajo terap?utico espiritual que hab?a empezado con la crisis de los ?30?, cuenta. Tal como relata en la introducci?n del libro, un d?a escuch? a Alejandro Jodorowsky dar un consejo a una artista que atravesaba una crisis creativa: ?Pinta un autorretrato con tu sangre menstrual y ponlo en un sitio visible de la casa para que lo vea toda tu familia?.

?Aunque no me identificaba conscientemente con aquella situaci?n, sent? una ?llamada? que me impuls? a realizar el mismo acto, poniendo el retrato en un sitio a?n m?s visible que el ?mbito familiar: una exhibici?n p?blica?, dice D?bora. Sab?a que la sangre menstrual es poderosa, que se considera algo sagrado a nivel ancestral en muchas sociedades que cumpl?an los ritos cham?nicos, sobre todo aquellos vinculados a los ciclos de la naturaleza. Pero tambi?n sab?a que para muchas religiones y culturas se trata de algo impuro. De lo que no se habla. Tanto, que hasta en las publicidades que se ven en televisi?n las toallitas se manchan con un l?quido azul y nunca color rojo. ?Sabemos que se trata de algo figurado, pero por lo menos tendr?an que usar l?quido rojo?, dice D?bora.

Su expectativa pasa por irradiar la experiencia para que la realicen todas las que se sientan convocadas, pero es muy contundente en un requisito: no quiere convertirlo en una bandera de ning?n tipo, ni siquiera de g?nero. Por el contrario, apunta a abrirlo hacia otros discursos y apropiaciones posibles. ?Por mucho tiempo busqu? ayuda y financiaci?n para la publicaci?n y todo se trababa. As? que lo tom? como algo bueno, porque me di cuenta de que en el fondo de mi coraz?n no quer?a que quedara atado a algo tan exclusivo. Ahora va a ser como quiero, libre. Quien quiera usarlo para trabajar el aborto, perfecto, quien quiera usarlo para trabajar la violencia de g?nero, perfecto, pero no me quiero encasillar?, explica.

Fue as? que quiso rescatar la potencia de la menstruaci?n, mientras elude prolijamente cualquier afirmaci?n que pueda significar una cr?tica. Apenas considera que ?decir indispuesta? o ?estoy mala? como en Espa?a, es casi como decir ?estoy enferma?. ?A lo mejor no te duele, pero ya la palabra implica un malestar.? Puesta a pensar sobre lo provocador de la experiencia ?que no tuvo como objetivo provocar, pero s? lo hace? apunta que ?tambi?n se humaniz? a la mujer menstruando con el tamp?n y el ibuprofeno a mano. Vida normal, aunque a nivel hormonal nunca es lo mismo?.

D?bora se entusiasma m?s cuando cuenta las vivencias conmovedoras que nacieron de su propuesta que al conceptualizarla. Ella prefiere hablar de la chica que le envi? un texto largo, muy largo, para acompa?ar el dibujo. En unas cuatro carillas contaba que su padre hab?a abusado de ella hasta que menstru? y reci?n all? dej? de penetrarla, aunque la atorment? con el discurso del miedo y la impureza. ?Fue el primero que me lleg?, ahora ella es una de mis mejores amigas, pero hasta ese momento no conoc?a esa parte de su historia. Ese caso para m? ya vali? todo el trabajo?, resume.

Tambi?n relata lo ocurrido con Paula ?una argentina que reside en Barcelona que sufre agenesia vaginal, una enfermedad cong?nita donde el sistema reproductivo no termina su desarrollo y por esto no menstr?a?. Cuando Paula se enter? de la convocatoria escribi? para denunciarla de discriminar. Luego le envi? a D?bora una foto suya orinando y pidi? un espacio para contar acerca de esa enfermedad y argumentar que la sangre menstrual no la hace a una m?s o menos mujer. ?Pero la convocatoria era para dibujar y yo no me iba a mover de ah?, entonces no la acept?, cuenta y agrega: ?Despu?s de varias idas y vueltas de mails nos encontramos personalmente y decidimos que no haya dibujo, que ese espacio estuviera en blanco, con un texto en el que ella diera cuenta de por qu? quer?a participar del proyecto?.

Esas historias conviven junto con la de una chica ?Rosa Jiro? que ?nunca hab?a dibujado en su vida y a partir de ah? empez? a dibujar?. ?Al lado de las otras parece menor. Pero empezar una actividad art?stica a los 35 o 40 a?os no lo es. Y mucho menos si ac? utiliza como pigmento pict?rico aquello con lo que la mujer crea lo m?s potente que puede crear que es un hijo?, asegura.

Para D?bora, cada dibujo tiene un contexto, una creadora ?aunque a muchas participantes s?lo las conoce por mail? y una historia que lo completa. Cuando convoc? a escribir un texto, se imagin? que las participantes contar?an c?mo hab?an realizado el autorretrato, pero encontr? que cada una relat? lo que ten?a ganas de compartir, aquello que les despert? la experiencia, y le pareci? mucho m?s enriquecedor. Incluso, subraya que algunas participantes no ten?an la gimnasia de escribir, que fue costoso para ellas hacerlo. Esa diversidad de historias de vida y procedencias de las dibujantes le dio m?s potencia al proyecto. El n?mero 28 tiene que ver con la sincron?a ?un concepto del psic?logo suizo Carl Jung que da un sentido a la coincidencia temporal de dos o m?s sucesos relacionados entre s? de una manera no causal? que rige el universo. Fueron 28 una y otra vez, aunque alguna se sumara o se bajara del proyecto, y ese fue el n?mero de trabajos compilados.

Su idea original ?que no abandona del todo? era realizar una exposici?n y un libro con los dibujos y los textos. No pudo conseguir el financiamiento para los marcos y la edici?n. Un d?a, despu?s de unos cuantos meses de haber recibido los trabajos y editado los textos, una de las participantes le hizo un reproche: quer?a retirar su dibujo porque D?bora se hab?a comprometido a algo que no pudo cumplir. ?Como yo de todo saco lo positivo, me qued? pensando que era cierto y que si la convocatoria hab?a nacido en Internet, tambi?n ten?a que encontrar una conclusi?n en la web?, cuenta. La respuesta la sorprendi?, no s?lo las visitas que recibi? sino tambi?n las manifestaciones de apoyo, as? como tambi?n las discusiones que gener?, al punto de que se armaron foros alrededor de estos 28 dibujos. La idea es que siga creciendo, con nuevos dibujos, aunque D?bora ya no los compilar?.

Cada uno de los autorretratos tiene su singularidad, no s?lo la obvia que surge de la creatividad de la dibujante, sino en la forma de llevar la sangre al papel, pero sobre todo en las caracter?sticas del fluido: todos con distinta textura, color, intensidad. Una de las artistas, Sara de la Mora, decidi? apoyar su cara embadurnada de sangre sobre el papel. El resultado es de una rara sutileza. Daniela Montalvo no hab?a dibujado nunca, y debi? encolar dos hojas para completar su cara. Cada una puso en juego su deseo. ?No es un trabajo para decir ?me qued? bien, me qued? mal, sal? bien, sal? mal?, es algo que no tiene nada que ver con otro tipo de pintura, de autorretrato, no se puede hacer una evaluaci?n, un juicio. Esto es, soy as?. No es algo buscado, sali? as?, sostiene.

D?bora prefiri? apoyar el papel en su vagina, y dejar que la sangre fluyera. Aunque hab?a planificado un autorretrato m?s convencional (mirarse al espejo para pintar su rostro), decidi? que s?lo eso no la retrataba. No fue f?cil. En la primera menstruaci?n que lo intent?, la sangre dej? de fluir apenas toc? el papel. Debi? esperar 28 d?as para poder completar la experiencia. ?Supongo que estaba muy ansiosa porque era el motor de esto. Digo que era por eso, porque no tengo otra explicaci?n. La misma ansiedad me jug? esa pasada?, dice. Pero lo curioso, seg?n la autora, radica en la singularidad de cada experiencia. ?Salvo dos o tres trabajos que pict?ricamente tienen similitudes, los otros no se parecen en nada. El color y la densidad de la sangre no tienen nada que ver. Una sangre es una persona. Podr?as hacer una gama muy amplia de rojos. Habla de nosotras y de las similitudes y las diferencias que tenemos. Soy igual a ti pero soy distinta a ti, las dos cosas, no es una u otra. Soy aut?ntica y ?nica al mismo tiempo, pero por otro lado soy igual a mi compa?era?, reflexiona.

D?bora siente que abri? una puerta para que muchas otras mujeres hagan su autorretrato, pero prefiere que desde ahora contin?e por s? solo. ?No voy a recibir m?s trabajos. Hay otro espacio adonde las que quieran los pueden enviar para que sean publicados?, explica e invita a hacerlo a trav?s del correo planocreativo@gmail.com

El momento de mi primera menstruaci?n fue confuso y angustiante. Yo no quer?a ser mujer.
?A partir de ahora, faldas y piernitas cerradas. A cuidarse de los hombres?, dijo mi pap?.
?Qu? ir?nico!
El, que abusaba de m?, me ense?? a temerles a los hombres.
Parad?jicamente, lo que hizo que empezara a temer de todo, por otro lado fue un ?respiro?.
Desde que tuve mi primera regla, que fue muy tarde, mi padre no abus? m?s de mi cuerpo. Pero todo aquello que no dejara ?pruebas?, continuaba.
En mi ignorancia de ni?a adolescente pens?: ?qu? suerte! ?De haberlo sabido hubiese sangrado antes!
Me cost? tiempo verlo, pero all? estaba el mensaje grabado:
ya no eres digna, est?s sucia,
te has hecho mujer.
Verg?enza, asco, miedo, culpa...
ahora no me reconozco en ninguno de esos sentimientos.
Vivo orgullosa de elegir ser y sentirme mujer.
Y aqu? me ves, mir?ndote, mir?ndome.

(...)

Ceci L, autora de uno de los 28 trabajos.


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